La primera revisión es visual y manual. Se prueban juntas, uniones y refuerzos mediante carga suave de peso para comprobar la rigidez. Se observan grietas, abolladuras y torsiones en la madera. Se mide el grosor de los travesaños y se verifica que las patas estén bien fijadas.
También se inspecciona la madera bajo luz intensa para detectar grietas ocultas y humedad. Se utiliza un calibrador para registrar juego entre piezas. Se documenta cada hallazgo en una ficha técnica para decidir si se reparan, se refuerzan o se sustituyen componentes.
Estado de la espuma y muelles
En sillones y asientos, la espuma se verifica por densidad y firmeza. Se mide el grosor y se busca deformación excesiva. Se evalúan los muelles para detectar zonas hundidas o desalineadas; a veces se escucha un crujido al sentarse que indica desgaste. También se verifica la tela de sujeción de los muelles.
El reemplazo de espuma suele indicar necesidad de capas de refuerzo de 2-5 cm y reacomodo de muelles. Se evalúa si la tela cede o si hay fibras expuestas. Todo se planifica para mantener la comodidad y la forma original sin perder el estilo.
Tela y costuras
Se evalúa el estado de la tela, las costuras y las capas de relleno. Se buscan desgarros, manchas persistentes y desgaste en las zonas de apoyo. Se miden longitudes y se verifica que el tejido seleccionado permita un patrón correcto para evitar arrugas o tensiones indebidas.
Con cada hallazgo, se propone un plan de acción: conservarlo si es estable, reforzar costuras, o sustituir la tela por una que soporte uso diario. Se recomienda pruebas de fricción y abrillantado en un área escondida para anticipar resultados. El objetivo es mantener apariencia y comodidad sin comprometer la estructura.

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